26 de marzo de 2013

El emprendedor que creía en "DIOS"



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Te puede resultar paradójico el hecho de oir que a aquéllos que triunfan o fracasan les separa el haber tenido “buena” o “mala” suerte, como si la suerte se pudiera cuantificar o clasificar a libre antojo. Decía Fray Luis de León que “Suerte” es el seudónimo de Dios cuando Él no quiere poner su firma. Pero no es mi intención hablar de religión y, aún menos, ser irreverente pero creo que el emprendedor, al margen de creencias, cree en DIOS desde una perspectiva diferente, desde un análisis menos profundo y más pragmático, letra a letra, que me gustaría explicarte:

Fuente imagen: kappboom


Hace pocos días leí un dato estremecedor sobre el porcentaje de fracaso en los emprendedores en tiempos de crisis y, no nos engañemos, ni todos pueden ser emprendedores ni todos los emprendedores están preparados para emprender. Hay varios aspectos fundamentales en esta difícil tarea y que en momentos de bonanza económica quedarán al alcance de tu mano pero, ya sé, estamos en crisis y lo que antes estaba a la vista ahora hay que buscarlo y, si me apuras, escarbar para encontrarlo, por lo que no restes importancia a las siguientes líneas.


En este laborioso proceso existe una primera fase, a modo de cimentación, que es crucial. De nada sirve que tengas planificado a la perfección cómo será tu empresa o negocio dentro de diez años, de cuántos empleados o dependencias dispondrá o cuánto llegarás a ganar si no sabes cómo comenzar. Y, centrándome precisamente en el inicio, me gustaría recordarte de una manera muy simple los cuatro principios fundamentales para emprender:


Dinero.

Seguro que no conoces triunfos que no hayan estado ligados de alguna forma a él, pues el emprendedor depende de una financiación para poner en marcha su proyecto, llevarlo a cabo con unas mínimas garantías de éxito y, sobre todo, de continuidad. No son los mejores momentos para invertir pero, ¿acaso lo son para huir?. Podrás hacer dos cosas: quejarte o seguir adelante. Ante la duda, te diré que “Las quejas son el lenguaje de la derrota (Napoleón)”.


Iniciativa.

Hay quienes disponen de los medios necesarios y, sin embargo, no del empuje mínimo para iniciar una aventura profesional. Y si el aspecto anterior era importante, este es imprescindible para que cualquier proyecto cobre forma y genere objetivos porque, a fin de cuentas, es el que marca su propia existencia. Alimentar tu confianza con decisiones importantes fortalece al emprendedor y, especialmente, al triunfador.


Orientación.

Ya en este punto, aconsejo poner un rumbo adecuado y, para ello, nada mejor que investigar, pedir consejo y observar mucho a los referentes marcados. Quizás sepas lo que quieres pero no cómo conseguirlo. Recuerda que en tus ídolos podrás encontrar virtudes que aprovecharás en tu propio beneficio sin llegar a perder tu propia identidad.


Soluciones.

Esas que dependen de ti y nacen de tu capacidad de reacción ante las dificultades del propio emprendimiento. Cuando éstas aparecen, puedes buscar entre las anteriores para darles solución y, si bien algunas requerirán financiación adicional, intenta optar por nuevas iniciativas o fijar tu visión sobre los que ya han conseguido el éxito. ¿Acaso no has oído eso de que todo o casi todo está inventado?. Salvo que innoves, no te alejes de lo que ya funciona para agregar mayores probabilidades de continuidad. Esta sí que es una medida “anti-crisis”.



En resumen, ahora entenderás por qué digo que el emprendedor cree en:
D·inero
I ·niciativa
O·rientación
S ·oluciones
 

De ahí, al margen de las buenas o malas suertes, de los diles y diretes, de lo que pudo ser y no fue, no irás hacia el paraíso sino dirección al camino que te has marcado hacia el Éxito si haces las cosas bien, porque tan importante como creer en Él es creer en tí mismo. Y, por supuesto, no olvides ir siempre acompañado de la mejor actitud y coger la vida con los puños apretados.


¿Crees  en  D·I·O·S?