22 de marzo de 2013

Del "Paraqué" al "Porquesí"



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Hay distintas formas de afrontar la vida y, según en qué circunstancias, elegir la mejor o la más adecuada al momento, no sólo requiere valor sino determinación. Dado que tú y todos nosotros somos susceptibles a nuestro entorno, resulta relevante el dato sobre el aumento de la sensación de “pánico” más o menos controlado al que llega a someterse una persona ante la toma de una decisión, máxime si ésta es importante. 

Fuente imagen: cienciaonline

Como ocurre en momentos de dificultad laboral (liviana y sutil forma de hacer alusión a los niveles de desempleo actuales) este efecto se multiplica y consigue cotas de desesperación pero, como no podía ser de otra manera, desde este blog, siempre te voy a proponer una lectura positiva como alternativa que es válida en su aplicación a todos los niveles, tanto en el ámbito profesional como personal.


Es sabido que existen optimistas y pesimistas (el tópico del vaso medio lleno y medio vacío) y que ambos se distinguen por la contraria forma de afrontar los nuevos roles y experiencias y, cómo no,  sus expectativas. De esta forma, siempre encontrarás al individuo al que no deseas acercarte por si acaso su pesimismo fuera contagioso y, en el lado opuesto, aquél al que admiras por su permanente optimismo y actitud positiva ante la vida y sus avatares -recuerda el “Efecto de la Abuela Manuela”- que invita a llevarlo de forma permanente como si de un llavero se tratara.


Los primeros toman las decisiones, o mejor dicho, dejan de tomarlas, porque ante cada adversidad y las dificultades que entraña siempre calculan sobre su desgracia infinita la manera de encontrar el dichoso “¿Para qué?”, vulgarmente conocido como PARAQUÉ.


Los segundos, y entre ellos me gustará incluirte siempre, lejos de amilanaros hacéis frente al problema con convicción y confianza en vosotros mismos para poder o, al menos, intentar superarlo porque sabéis que sería la justa recompensa a vuestro esfuerzo, que os lo merecéis o, simplemente, “Por que sí”, más conocido entre líneas como PORQUESÍ.


Para todos, tanto para los del vaso medio lleno como para los que lo medio vacío, valgan estas recomendaciones para seguir un orden en la toma de decisiones y, muy especialmente, en la resolución de problemas basándome en una sencilla sucesión de cinco etapas. Éstas son las de: 


1.- Descubrimiento:
     Aunque simple, pues la mayoría lo detectan, alguna vez puede entrañar cierto grado de dificultad para los más pesimistas y los más prepotentes, pues se puede tener delante mismo el problema y no ser capaz de verlo. En casos así, contar con el asesoramiento y ayuda de la persona indicada puede resultar vital.


2.- Búsqueda:
     Definido el problema, qué duda cabe que debemos buscar todas las vías de escape para dar solución al mismo. Te recomiendo ser exhaustivo y plantear incluso las que consideras poco indicadas o crees que no serías capaz de adoptar. Apostar por una sola entraña el mayor de los riesgos y, no te preocupes, con la práctica, este proceso te llevará menos tiempo porque tu capacidad se incrementará de forma bárbara a medida que cobres confianza. Da cabida pues a todas las alternativas posibles y actúa por y para resolver el problema que te ocupa y huye de los hábitos y costumbres pues, precisamente con ellos, ha llegado a surgir el mismo.


3.- Valoración:
     Comparar y aportar valor a los pros y los contra de cada una de ellas llega a ser la etapa más subjetiva de todas y por ello debes prestar especial atención a no dejarte llevar más que por la realidad de las circunstancias y no construir “castillitos en el aire”. Deja los jeroglíficos y acertijos para los demás. Podrás hacerte un pequeño cuadro a modo de poder evaluar más fácilmente los detalles y aplicar un valor o puntuación final que, tras finalizar, podrás dar paso a la que algunos consideran la última de las etapas.


4.- Elección:
     Ya has realizado las secuencias anteriores y el proceso se define con la elección de la opción la más compensada, conveniente y beneficiosa para ti. Puede que ésta sea el resultado de unir varias opciones o parte de ellas y que se convierten en la mejor alternativa. En cualquier caso, es tu decisión y debes tomarla con firmeza para aportar mayor fuerza para alcanzar tu objetivo.


5.- Ejecución:
     Asumir la elección de forma responsable y ponerla en práctica con determinación y –más que recomendable- sin olvidar realizar tu correspondiente evaluación para que te ayude a valorar el mayor o menor grado de acierto que, a fin de cuentas, es el que enriquece tu experiencia para aprender de ella en tu próxima toma de decisión.


Un método básico, pero de gran trascendencia, si tenemos en cuenta que, tal como he referido antes, deberás repetir con frecuencia en función de tus circunstancias profesionales y personales. Un método categóricamente recomendable para los mandos en las empresas pues sus decisiones siempre afectan a colectivos. Se me viene a la cabeza aquel particular término acuñado de “Disfunción Gerentil”.


Oí decir a un empresario (con su permiso, P.Marcos) que había una fórmula (i=c+1) para definir la toma de decisiones en relación a la Innovación y apuntaba que el número de intentos o decisiones tomadas es igual al número de caídas o fracasos “más UNO”. Establece  que, ante cada fracaso, al menos, lo intentes una vez más. Me quedo con esa visión motivadora a la hora de esbozar una moraleja ante el método planteado porque es un principio básico de actitud para alcanzar el éxito en cualquier apartado de la vida.


Fuente imagen: David Fernández Ojeda
Pero no quisiera despedirme sin agradecerte la atención que has prestado y, para ti especialmente y para todas las personas que necesitan de esa determinación para asumir decisiones de consideración, para que no se sientan acorralados, me gustaría compartir con todos un regalo con mensaje incluído de todo un ejemplo de innovación y acierto (Aíto García Reneses) que reconoce con humildad haber fallado muchas veces para alcanzar finalmente su meta del éxito. 

¿Te apuntas al plan?