26 de noviembre de 2015

Del estereotipo al "tipo estéreo"

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Esto ya no es lo que era… Algunos lo dicen con cierta nostalgia; otros, sin embargo, con denotado alivio. Cierto: todo cambia y apenas da tiempo a asimilarlo cuando hay una novedad esperando a la vuelta de la esquina. El cambio lo puedes interpretar como una dificultad añadida a la difícil carrera de la vida o –así te lo recomiendo- como una oportunidad única para avanzar personal y profesionalmente. Ni tú eres como ayer, ni seguirás siendo el mismo de hoy llegado el día de mañana.

Serás diferente, mejor o peor,  sí, pero  sólo dependerá de ti. Y en base al poder que ejerces sobre ti mismo, puedes convertirte en el verdadero estereotipo o, quién sabe, en el “tipo estéreo”.

Fotografía de David Fernández Ojeda

El estereotipo es aquél afincado en el canon establecido, con perfil políticamente correcto, constante y monocromo en su carrera hacia quién sabe dónde sin salirse de la línea blanca. De hecho existen muchos estereotipos en todas las profesiones y, en especial, en la de vendedor que, desde hace muchísimo tiempo, se le ha considerado poco más que un “charlatán”, con dominio de la palabra y con pocos escrúpulos. Afortunadamente, esos estereotipos han ido evolucionando y han incorporado ciertos conocimientos y formación, así como aptitudes añadidas para adecuar la venta del producto a los clientes finales.

En la actualidad, aquéllos que han sabido adaptarse a los tiempos, han conseguido llegar al punto en el que el estereotipo se ha convertido en el gran vendedor que, en ocasiones, llega al nivel de auténtico “tipo estéreo”. 

Éste es el vendedor que aporta valores añadidos a ambos lados de la venta, que sabe situarse y dejarse oír en la delgada línea entre los deseos del cliente y los objetivos de la empresa. Destaca, en primer lugar, por su capacidad de escucha porque sabe que es una competencia “en peligro de extinción” y en todos los ámbitos se cotiza al alza. Son verdaderos comunicadores y saben transmitir el mensaje adecuado para cada ocasión de forma eficaz, para cada cliente, adaptando su lenguaje al entorno para empatizar y ganarse la confianza necesaria para encauzar la venta al final deseado.



Es sin duda, una persona creativa, resolutiva, con capacidad para trabajar en equipo y reforzar el grupo y, al mismo tiempo, con carácter para asumir de manera autónoma los retos e iniciativas necesarias para llegar a la venta programada. Capaz de gestionar su tiempo y los recursos, de improvisar desde el conocimiento y de dar un giro al proceso de venta si fuera necesario para cambiar la estrategia en función de la evolución de la venta si peligra la misma.

El “tipo estéreo” es un individuo tremendamente proactivo que huye de la simplicidad, que tras la atenta escucha se anticipa a los deseos del cliente y potencia la venta asociada, la venta con valor adicional que repercute muy directamente en la satisfacción del cliente y, por supuesto, en la consecución de los objetivos marcados y el beneficio de la empresa.

Nunca da por perdida una operación al recibir la primera negativa e intenta argumentar con un contraataque dialéctico lleno de intenciones para poder reconducir la venta hacia un nuevo rumbo más allá del fracaso. Desde luego que sí, constante, tenaz. ¿Acaso existe otra forma de conseguir algo en la vida más allá de la constancia?. Si no fuera así, no habría forma de defender un óptimo nivel de motivación para afrontar la próxima venta sin llegar a la frustración.

El “tipo estéreo” es el vendedor que gusta escuchar, capaz de adoptar la forma de líder, que sabe aprovechar las oportunidades que le brindan las nuevas tecnologías, las redes sociales profesionales y, por supuesto, las relaciones interpersonales espontáneas y/o networking. Es la experiencia abonada con conocimiento y suscrita al aprendizaje constante, es voluntad adherida a la mejor actitud y fuente de motivación inagotable.

Queda lejos del charlatán aferrado a la verborrea interminable, a los voceríos en tenderetes o estancados tras un mostrador. Muy lejos, incluso, de los licenciados que señalan incansablemente el ABC de la venta y persiguen el abecedario del éxito sin llegar a conocer ninguno de ellos. Muy lejos, podría decir, de aquéllas empresas y reclutadores que se asustan al ver un perfil de un “tipo estéreo” pensando que no pueden pagarlo o, a lo peor, creyendo que no valen lo que cuesta.

¿Sabes qué?. Si tuviera que elegir, me sumo al grupo del “tipo estéreo” y, eso sí, sin abandonar el de los “buenos tipos”. Piensa en ello… Yo soy profesional de la Venta aunque, a fin de cuentas, todos somos vendedores, cuando menos, de nosotros mismos.  


¡A venderse en estéreo!. ¿Te apuntas?