24 de diciembre de 2015

Mínimo, dos al día

P
Por tu bien, hay cosas que debes hacer y, a medida que sumas años, te sobran motivos para no olvidar ciertas premisas que constantemente te recuerdan desde tu entorno. Cuántas veces habrás oído eso de “¡Cuídate!”, o el tan conseguido “Los años no perdonan” o el malsonante “A tu edad…”. Pues podría añadir muchas más expresiones y, sin embargo, voy a restar peso a esas palabras y razón a quienes las dicen. ¿Sabes por qué?.

Con lo que has leído y antes de explicarte con detalle… Permíteme que insista:
Si quieres VIVIR con mayúsculas, no puedes dejar de leer esto y, aún menos, dejarlo en el olvido. Ojo, a pesar de los pesares…


Partiendo de la base de que el conocimiento y la sabiduría aporta valor a las personas, éstas no se consiguen a precio de saldo y están, ineludiblemente, ligadas a dos factores tan determinantes como el aprendizaje y, sin duda, el tiempo. Cierto, hay quien apunta que “vales más por lo que callas que por lo que dices”, pero nadie te podrá rebatir que vales  tanto como sabes.

El motivo, sencillamente, no es otro que combinar esos conocimientos con la realidad y adquirir nuevas experiencias a las ya vividas en el entorno que toca vivir. Así es, “Experiencia”, un valor en alza que no todos son capaces de vislumbrar, que todos anhelan y que casi nadie se atreve a dejar pasar por alto (casi nadie) porque en ello les va su apuesta de futuro.

La pregunta que hay que plantearse más allá del cómo es desde dónde, es decir:


¿Desde dónde se adquiere la experiencia?

Hay dos formas de darle paso y, en mi opinión, sólo dos, que son, sencillamente, contundentes y de tan fácil comprensión que te invitarán a la reflexión:

En primer lugar, desde una actitud negativa, que te llevará directo a la inmovilidad o la desidia. La negatividad en tu forma de percibir la realidad conduce a una sobrealimentación de los miedos y las fobias que te van a impedir avanzar. Pasarás directamente a la parálisis por el análisis y tu visión de futuro se reducirá notablemente.

En segundo lugar, desde una actitud positiva, abierto a nuevas y grandes expectativas para las que no serás capaz de escatimar determinación, mostrando la mejor versión de ti mismo. Es la forma de romper con estereotipos, de adquirir nuevas habilidades y competencias y afianzarlas. Sin duda, estarás de acuerdo conmigo en que… Exactamente, así es.

Por tanto, es fundamental que sigas una línea de motivación adecuada a tus expectativas personales y profesionales –también denominada, en conjunto, “Felicidad”- si quieres ir abordando y superando las metas marcadas hacia tu objetivo final. En este sentido, hay muchas formas de motivarse y, sin llegar a buscarlas en tu entorno o más allá de él, te invito a que las busques y encuentres dentro de ti.

El error y el fracaso puntual no debe hacerte retroceder, sino fortalecer tus convicciones a
la hora de volver a enfrentarte a los obstáculos que no has podido salvar con anterioridad pues hay algo con lo que no cuentas y que antes no tenías pero ahora sí. Me refiero a la experiencia. Cierto, más o menos traumática, pero válida y muy útil que te hará tomar decisiones con mejor criterio.

A veces podrás llegar a pensar que no merece la pena tanto esfuerzo o sufrimiento pero, nada más lejos de la realidad, podrás comprobar que la recompensa a tu constancia tendrá la mayor de las recompensas: por una parte, la autosatisfacción y la sensación del deber cumplido; por otra, la posibilidad de saborear el éxito.

Motivación, esfuerzo, sufrimiento, fracaso, éxito… Mucho más que palabras, son síntomas de la propia vida, del día a día. Y es curioso, que sin ser una enfermedad, los eruditos y experimentados en la materia hayan coincidido en que tiene un único tratamiento para su cura:  ILUSIÓN, al menos, DOS veces al DÍA.

Levántate con ganas de comerte el mundo antes de que te coma él a ti y no dejes de acostarte sin dedicarte la mayor de tus sonrisas porque, créeme, no hay nadie como tú.

Porque te lo mereces... ¡Hoy va por ti!

P.D.: Permíteme una recomendación: arrímate y aprende de los especialistas que tienes a tu alrededor. ¿A quiénes?. Sí, me refiero a los niños, los maestros en este arte de la ilusión. 

2 comentarios:

Luisa dijo...

Feliz Navidad, David!,😃🌲😍

David Fernández Ojeda dijo...

Gracias, Luisa. Que así sea... ¡Para todos! ;) (y)