30 de enero de 2017

ESTALENTO

C
Cada vez con más frecuencia, me pregunto sobre el porqué de las cosas, a pesar de que veo pasar los años a mi alrededor y en mi mismo aunque en distinta medida. Dejo atrás objetivos cumplidos y, por supuesto, sin cumplir, deseos hechos realidad y, desgraciadamente, deseos hechos añicos. Y es que el paso del tiempo da para mucho, mucho…

Y llego a plantearme una cuestión: ¿qué tendrá que ver la velocidad con el talento?. De ahí surgió el “ESTALENTO”.


Más que un juego de palabras para desviar su significado es una triste realidad que sucede más y más en los tiempos que corren. Y es que aún hay personas que están en lo alto de la cadena profesional que no dan valor a las cosas que realmente tienen valor y cuantifican hasta la saciedad llegando a perder el norte y arrastrando al abismo a muchos consigo.

Analizar el “ESTALENTO” es ahondar en su origen, atreverme a señalar con el dedo. Es verter palabras sobre palabras con intención y, sin duda, es llamar tu atención para que reflexiones sobre la cantidad de “ESTALENTO” que te rodea y quizás no te atrevas a reconocer o incluso a denunciar.

Es un combate a muerte en el que por norma general la víctima siempre es la misma. Es una lucha sin sentido de dos realidades contradictorias:


ES TALENTO  versus  ESTÁ LENTO


Es talento

Exacto, hay personas que “nacen” potencialmente talentosas, bien por el entorno en el que han nacido, bien por la bondad de la genética. Tanto en un caso como en otro, siempre requiere del apoyo y motivación de otras personas para desarrollarlo Cuando el talento de verdad asoma hay que potenciarlo y su entorno debe retenerlo en bien de la comunidad. Eso resulta algo evidente. 

¿Pero quién cuantifica el talento?. ¿Quizás otros con talento?. Si es así, tendría que decir que me quedo algo más tranquilo pero… ¿Realmente es así?. Porque llego a tener serias dudas cuando a mi alrededor veo como descartan, desechan, eliminan personas con nombre y apellidos, resolutivas, con ideas originales que no llegan a ser valorados y, peor aún, comprendidos, negándoles una oportunidad.

Está lento…

¿Y si fueran personas que no alcanzan a ver el potencial de los demás los que deben cuantificar el talento?. Eso es un serio problema y un hándicap para el desarrollo de una empresa y, por supuesto, una cruz para el incomprendido talento.
Ciñéndome a lo profesional, considero que no hay nada peor en una empresa que ver en lo alto de su organigrama a personas con falta de habilidades para detectar el talento de los empleados. A fin de cuentas, y no es un tópico, una empresa vale lo que valen sus empleados.

Tan malo es no ver la valía de los demás como tardar demasiado en verla. Esa es una realidad que viene dada por varios motivos. Entre otros:
La incompetencia o falta de habilidad de algunos responsables de recursos o de la dirección de la empresa; la falta de medios para poder realizar una valoración del talento y potenciarlo; la motivación o, mejor dicho, la ausencia de ésta.

Dicho esto, quiero compartir contigo mi decepción cuando veo tanto talento perdido y huido a otras empresas (o peor aún, a otros países) y celebrar, que también los hay, cuando veo quienes confían en el talento y son capaces de aceptar propuestas e ideas arriesgando en beneficio de la empresa, quienes son responsables optimizando y motivando el talento en sus organizaciones empresariales.

El talento no está lento, es necesario.