4 de abril de 2013

Psst, pssst... ¡Espabila!



S
Seguro que alguna vez has oído algo así. Es más, esta expresión incluso pudo ir dirigida a ti mismo en aquel momento. Puntualmente empleada en la vida cotidiana para llamar la atención cuando se requiere una reacción, especialmente, ante situaciones que precisan tomar una decisión. Si bien es una forma un tanto peculiar y, si me apuras, hasta graciosa de ponerle cara a algo más serio de lo que imaginas.

Fuente imagen modificada: twitter


Hace unos días, requerí hacer alusión a una teoría que, aunque menos conocida por su nombre, por su fondo sí lo será o, al menos, te resultará más reconocible hasta aplicarle un valor y sentido especiales. Me refiero a la Teoría de la Parálisis por el Análisis.


Para mí, posiblemente -como decía el spot de una conocida marca de cerveza- “la mejor teoría del mundo”, porque de ella y de la actitud sepas aplicarla dependerá cada uno de los pasos que des en la vida. Hay muchos términos que se acuñan para la ocasión y, sin embargo, ligado al concepto básico de esta teoría,  el que más me gusta es “proactividad”, creado por V.Frank en la búsqueda de sentido de las cosas tras sobrevivir a la guerra y los campos de concentración nazis. Éste proviene del griego “pro” (a favor de) y “activitas,-atis” (eficiencia de obrar, diligencia).


Incido en él porque cobra relevancia para entender perfectamente el sentido de esta teoría, aunque, curiosamente, no está aceptado por la Real Academia de la Lengua Española (una sinrazón de tantas, así nos va), pero en otros foros más pragmáticos lo enfocan muy bien en torno a palabras fundamentales para mí como “actitud”, “control” e “iniciativa”, amén de otras no menos enriquecedoras, tales como creatividad, audacia o responsabilidad, entre otras.


En este sentido, introducido ya en el concepto básico, profundizaré para un mayor conocimiento y comprensión de la misma definiendo dos tipos de individuos a la hora de enfrentarse al obligado y constante ejercicio de supervivencia: “reaccionar y actuar”:


Reactivos: Influenciados en gran medida por su entorno y supeditados a su zona de confort, no son libres de elegir pues están excesivamente condicionados por las circunstancias que le rodean  y sus problemas periféricos. Éstos se limitan a actuar obligados por el entorno y, raramente, son dueños de su vida . De hecho, sólo se sienten cómodos si todo lo que le rodea está en orden y libre de problemas.


Proactivos: Lejos de ir a rebufo de las circunstancias sin control e iniciativa deseados, controlan su círculo de influencia y, de forma controlada y meditada, toman decisiones como respuesta a estímulos de su entorno, incluso antes de que surjan los problemas o la necesidad imperiosa de reaccionar. Son personas con visión positiva y con una mayor área de su zona de confort, por lo que la reacción ante posibles fracasos es distinta por completo a la del caso anterior.


Ya en el concepto en sí de la citada teoría, diré que ésta surge con el descubrimiento y análisis exhaustivo de los detalles de los problemas que aparecen de forma casual o fortuita ante nosotros. Me podrás decir que, precisamente, eso no es tan malo… Déjame puntualizar:


El análisis del problema cuando surge, en su fase inicial, conlleva una revisión continua y, a veces, repetitiva y permanente de las mismas posibles soluciones y, además, requiere emplear un tiempo excesivo para el estudio de las distintas vías de solución provocando el retraso en la toma de decisiones y, por tanto, de la solución esperada a dichos problemas.


Por ejemplo, muy habitual, ¿cuántas veces se plantea aprender un idioma pero nunca se da el paso definitivo?. Quizás porque se analiza el tiempo que se debe invertir, las cosas que se dejarán de hacer mientras se estudia o la utilidad en la vida profesional. Y cuando se cree tener respuestas, se vuelven a plantear las mismas cuestiones porque el entorno ha cambiado y… Vuelta a empezar, quizás por no haber previsto posibles cambios durante su desarrollo. Estoy seguro que sabrás encontrar muchos otros ejemplos, incluso mejores que este, que te harán plantear lo que estoy diciendo.


Esta teoría, muy presente en la Ingeniería del software, se puede combatir con relativo equilibrio implementando el análisis por etapas. Del mismo modo, aplicado a la empresa, estudiando los problemas desde su base, definiendo y reduciendo el ámbito hasta donde sea necesario para abordar pequeñas decisiones en pro de una gran respuesta o solución.


Y, por supuesto, en tu vida privada, donde constantemente debes tomar decisiones, no es efectivo afrontar los grandes problemas en sí mismos, es más efectivo “dividir” en varios más pequeños y someterlos al correspondiente análisis para acelerar la decisión esperada sin invertir más tiempo del necesario.


En conclusión, si tuviera que buscar una definición para esta situación de parálisis por el análisis diría que “se produce cuando se emplea una cantidad de tiempo superior a lo deseable o recomendable en analizar los problemas, provocando un período de inactividad que atenta contra la propia finalidad del acto y el objetivo de dar solución a los mismos”.


Dicho esto, permíteme convertirme en abanderado de esta Teoría de la parálisis por el análisis y animarte a ser positivo, a mantener el control de tu propia vida, a valorar tu iniciativa a la hora de afrontarla y, entre tanto, a emplear el tiempo justo a contemplar y analizar las dificultades aparecen para que, sin duda, reacciones y decidas, con mayor o menor acierto, pero reacciones y decidas. A fin de cuentas, nadie debería quererte más que tú mismo y, por supuesto, así no te dirán: “psst, psst… Espabila”


¿Te quieres lo suficiente?